sábado, 20 de junio de 2020

Enamorate de ti - Semana 20

ENAMORATE DE TI
WALTER RISO

Elogios dirigidos a ciertas características de la persona, aquí el compromiso del que dice el halago es mayor. “Eres muy inteligente”, “Tu cuerpo es muy bello”, “Tu voz es espectacular”, “Eres una gran persona” o “Eres muy buen amigo”. Como puede verse, el elogio va dirigido a rasgos, valores, características físicas o habilidades de otras personas. Busca qué cosas te gustan de ti, elógiate y, de paso, agradécete, como te agradecería cualquier persona que recibiera el halago.
Tienes muchas cosas agradables que te caracterizan, éstas claramente las ven los demás, pero tu sabes que las tienes, hagalate también, disfrútalas, amalas, siéntete bien, pues son tuyas. Ademas de agradecerte por ellas, es lo ideal.

Elogios dirigidos a características de la persona donde el dador del elogio se involucra. Muy pocas personas son capaces de dar este tipo de halagos sin sentirse ridículos, nerviosos o inseguros, a no ser que sean personas muy cercanas y que les tengan confianza. Aquí el dador dice lo que le produce la persona. Se expresa un sentimiento asociado al elogio: “Admiro tu inteligencia”, “Me encanta tu cuerpo”, “Adoro tu sonrisa” o “Envidio tu alegría”. La expresión de afecto dirigida a otras personas tiene tantas condiciones y requisitos en nuestra cultura que se vuelve cada vez más difícil decirle “Te quiero” a alguien sin que se sospeche alguna segunda intención. La expresión libre y franca de sentimientos positivos a las personas que nos rodean no es fácil si la cultura es poco expresiva. No obstante, estos problemas de incomodidad social no existen a la hora de autoelogiar tus características. Decirte: “Me gustan mis ojos”, “Me encanta ser inteligente”, “Me fascinan mis piernas” o “Soy una buena persona” no ocasiona riesgos, rechazos, ni malentendidos; depende sólo de ti. Esto siendo mas fácil y cómodo, debería de ser mas colocado en practica, esto te ayuda a tu amor propio, te hacer bien, así que hazlo sin temor de nada, pues es hacia ti mismo, y te sienta bien de seguro. Tienes todo para y por hacerlo. 


Por: Nicolle Viviam Cruz Perez 

Enamorate de ti - Semana 19

ENAMORATE DE TI
WALTER RISO

Los mismos elogios que solemos dirigir a los demás podemos aplicarlos a nosotros mismos. Los elogios impersonales, ampliamente fomentados por la cultura de los buenos modales y la etiqueta, son considerados signos de buena educación y diplomacia. Lo que se admira en estos casos son cosas materiales que posee la persona, sin hacer mención a ningún atributo personal y sin involucrarse uno. “Tu camisa es muy linda”, “Tienes una hermosa casa” o “Tu perfume huele muy bien”. La persona receptora por lo general acepta el halago del objeto material que le pertenece con un “gracias”. Aunque no puede considerársele una expresión de sentimientos o afecto, es más bien un acto de cortesía, sentido o no. De todas maneras, no está de más que intentes ser cortés contigo mismo, elogiando las cosas materiales que realmente te agradan. ¡Felicítate por tenerlas!. 
Lo ideal es que que tu también sientas felicidad por aquellas cosas que tienes, si los demás lo ven tu también deberías hacerlo, pues son tuyas, nótalas y siéntete feliz por lo que has conseguido, claramente sin exagerar pero si acéptalo, emocionate, y que eso te agrade.

En los elogios personales, se involucra parcialmente a la persona a quien va dirigido el elogio. Algunas personas se aventuran a dar un paso más en la expresión de lo que sienten y, además de referirse al objeto, tangencialmente hacen referencia a la persona. “La camisa te luce”, “Ese peinado te sienta muy bien” o “Tu casa muestra que tienes buen gusto”. Este tipo de elogios son de mayor exigencia, pero el compromiso del emisor del mensaje sigue siendo poco. Puedes involucrarte en tus propios autoelogios: “Esta camisa me queda bien”, “Definitivamente, mi casa muestra que tengo buen gusto”, “El traje de baño me sienta”, “Hoy estoy muy bien vestido”, “Sé elegir muy bien a mis amistades”, etcétera.
Claramente los demás pueden notar estas cosas agradable en nosotros, pero algo sumamente importante es si nosotros mismos las notamos, nos sentimos a gusto, elogiate a ti mismo, refuerza ese amor propio, esa buena autoestima que tienes muchas cosas para hacerlo, si los demás ven eso en ti tu deberías de verlo también. No esta mal que a ti también te agraden y te lo digas.

Por: Nicolle Viviam Cruz Perez 

EL DIARIO DE ANA FRANK

SEMANA 19 
Pasaron los días y Ana se empeso a tener problemas con sus ojos, así que todos concluyeron que era miopía ya que estudiaba casi sin luz  y esforzaba muchos sus ojos en la oscuridad, todos se sentaron a hablar sobre esta situación y pensaron en mandarla con Miep al optamologo, pero el riesgo era muy grande. al cual Miep acepto ya que quería mucho a Ana, pero todos concluyeron que mejor no por que las cosas andaban un poco peligrosas halla a fuera. Dias después Ana quería hablar con el señor Dussel y pedirle el favor que la dejara utilizar la mesita de la habitación dos veces en la semana, a lo cual Dussel contesto que no ya que para el lo que hacia Ana no era importante para el, Ana volvió y le pidió el favor y Dussel le contesto que no otra vez y le dijo que si se lo pedía Margot en no dudaría en decir que no. Ana fue y hablo con Miep aserca de lo que acababa de pasar y le dijo que ella quería solucionarlo sola, Miep le dijo que esperara hasta mañana ya que estaba un poco exaltada, Ana se fue a el cuarto el cual compartía con Dussel y le dijo otra vez que le diera permiso de utilizar la mesita ya que los dos estaban compartiendo la habitación y cuando el papa de Ana le dijo que la iban a compartir los dos debían prestarse las cosas y tenían un trato que el la utilizaba las mañas y ella las tardes pero que nunca se había cumplido y ella no quería incomodarlo tanto, pero Dussel sigui diciendo que no y que era una mal educada y que siempre quería salirse con la de ella y el no la iba a dejar ademas que las cosas que ella hacia no era importantes. Ana salio de la habitación y se fue a contarle a su papa lo que pasaba mientras que Miep hablo con el señor Dussel, el papa de Ana le recordó al señor Dussel el trato que tenían así que no le quedo de otra que aceptar pero le dejo de hablar desde ese momento a Ana. Dias después hubo un robo en la fabrica así que todos tenían miedo por fortuna ellos habían subido la caja del dinero cuando los escucharon, así que no se llevaron mayor cosa, si no que por lo que se preocupaban era por los cupones del azúcar que tenían pero que se los habían robado.

EL DIARIO DE ANA FRANK

SEMANA 18 
Ana sedio cuenta que ya no tenían ropa ninguno de los que estaban ocultos su papa tenia toda su ropa rasgada y sus zapatos rotos de tanto utilizarlos, su mama y hermana solo tenían 3 busos largos para las dos y 2 paredes de medias, los Van Daan también tenían la misma situación junto con el doctor Vussel, pero Ana en si le quedaban pequeños toda su ropa y ya no podía decir nada por que ya no tenían los mismos cuidadores ni el dinero, una de las personas que los cuidaba tenia cancer y todo lo que ellos tenían debían comprarlo en el mercado negro ya que si lo compraban legal mente el ejercito Holandés los encontraría y se los llevaría, así que tenían que comprar por el mercado negro el cual era muy peligroso. Una semana después en la noche todos se asustaron por que escucharon bombardeos muy serca la señora Van Daan se asusto tanto que fue a la habitación del señor Vussel el cual en una voz chistosa le dijo ven hija mía acá a mi cama y todos se empesaron a reír de lo que el estaba diciendo. Ana estuvo de cumple años y su papa le hizo un poema en Alemán el cual Margot se lo tradujo a Holandés. Tambien le dieron 3 regalos mas uno de un libro de la mitología Griega, unas golosinas y un glosario que ella quería, Ana pensó que estaba recibiendo mas de lo que ella merecía y pensó que les estaba quitando a todos lo ultimo que tenían.

EL DIARIO DE ANA FRANK

SEMANA 17
Ana y su familia estaban pasando por una situación económica muy dura ya que el dinero lo habían revaluado y lo que antes eran 500 y era muy buen dinero ahora no significa nada para el estado, el señor Vulsser intenta darnos animo, los Van Daan solo hacen cuentas por que dicen que si sigue así el dinero se van a quedar sin nada, los papas de Ana no le comentan nada a ella ya que creen que es muy chica todavía para saber acerca de las finanzas de la familia, al pasar las semanas todo empiezan a escasear y a un mas por que los estudiantes que se gradúan y terminaban clases no quisieron firmar un contrato el cual era muy exigente para que ellos pudieran seguir estudiando el otro año, el 80% de los estudiantes no firmaron y por ello fueron castigados y se los empesaron a llevar a un centro de concentración donde los ponían a realizar trabajos forzosos, Ana piensa que por que le hacen eso a los jóvenes que serán el futuro de Holanda, ya que los están matando y después pues que quedara en Holanda nada por que es tan matando a la futura generación que tendrían el país.  
CIEN AÑOS DE SOLEDAD

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Capítulo 1

muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendia había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchos cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarias con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos. Primero llevaron el imán. Un gitano corpulento, de barba montaraz y manos de gorrión, que se presentó con el nombre de Melquiadez, hizo una truculenta demostración pública de lo que el mismo llamaba la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia. Fue de casa en casa arrastrando dos lingotes metálicos, y todo el mundo se espanto al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas ceujian por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquiadez.

Bajo la misma estrella resumen#16

John Green
Bajo la misma estrella (semana #16)

—Estoy bien —dije—. ¿Isaac? —No respondió. Ni siquiera el más mínimo
indicio de que fuera consciente de mi existencia. Sólo las lágrimas cayendo por su rostro hacia su remera negra.

Augustus apartó la vista de la pantalla muy brevemente. —Te ves bien —dijo. Estaba vistiendo este vestido que justo pasaba las rodillas que había tenido siempre—. Las chicas piensan que sólo tienen permitido usar vestidos en ocasiones formales, pero me gusta una mujer que dice, tu sabes, voy a ver a un chico que está teniendo una crisis nerviosa, un chico cuya conexión con el sentido de la vista es débil, y cielos maldita sea, voy a usar un vestido para él.

—Y aun así —dije—. Isaac ni siquiera me va a echar un vistazo. Muy enamorado de Mónica, supongo —Lo que resultó en un catastrófico sollozo.

—Es un tema un poco delicado —explicó Augustus—. Isaac, no sabe sobre ti, pero tengo la vaga sensación de que estamos siendo desbordados. —Y luego de vuelta a mí—. Isaac y Mónica ya no son una empresa en marcha, pero él no quiere hablar al respecto. Sólo quiere llorar y jugar Contrainsurgencia 2: El Precio del Alba.

—Bastante justo —dije.

—Isaac, siento una creciente preocupación sobre nuestra posición. Si estás de acuerdo, dirígete a esa estación de energía, y te cubriré. —Isaac corrió hacia un indescriptible edificio mientras Augustus disparo con una ametralladora salvajemente en una serie de rápidas explosiones, corriendo detrás de él.

—De cualquier forma —me dijo Augustus—, no hace daño hablar con él. Si tienes algunas sabias palabras de advertencia femenina.

—Últimamente pienso que su respuesta es probablemente apropiada —dije mientras una explosión de disparos de Isaac mató a un enemigo que asomó su cabeza fuera de detrás de la corteza quemada de una
camioneta.

Augustus asintió a la pantalla. —El dolor demanda ser sentido —dijo, que era una línea de Una Aflicción Imperial—. ¿Estás seguro de que no hay nadie detrás de nosotros? —preguntó a Isaac. Momentos después, balas trazadoras empezaron a zumbar sobre sus cabezas—. Oh, maldita sea, Isaac —dijo Augustus—. No pretendo criticarte en tu momento de mayor
debilidad, pero nos permitiste ser flanqueados, y ahora no hay nada entre
los terroristas y la escuela. —El personaje de Isaac se echó a correr hacia el fuego, zigzagueando en un callejón estrecho.

—Puedes ir sobre el puente y haz un círculo de regreso —dije, una táctica que conocía gracias a El Precio del Alba.

Augustus suspiró. —Tristemente, el puente ya está bajo control insurgente debido a la formulación de cuestionables estrategias de mi cohorte privado.

—¿Yo? —dijo Isaac, su voz velada—. ¡¿Yo?! Eres tú quien sugirió que nos refugiáramos en la maldita estación de energía.

Gus se alejó de la pantalla por un segundo y le mostró su sonrisa torcida a Isaac. —Sabía que podías hablar, amigo —dijo—. Ahora vamos a salvar algunos niños de escuela de ficción.

Juntos, corrieron hacia abajo por el callejón, disparando y escondiéndose
en los momentos adecuados, hasta que llegaron a esta escuela de un piso y de una habitación. Se agacharon debajo de un muro a través de la calle e interceptaron al enemigo uno a uno.

—¿Por qué quieren meterse en la escuela? —pregunté.

—Quieren a los niños como rehenes –respondió Augustus. Sus hombros
redondeados por encima de su control, golpeando botones, sus antebrazos tensos, venas visibles. Isaac se inclinó hacia la pantalla, el control bailando en sus manos de dedos delgados—. Consíguelo, consíguelo, consíguelo —dijo Augustus.

Las ondas de terroristas continuaron, y acribillaron a cada uno, sus tiros asombrosamente precisos, como debían ser, con el fin de disparar a la escuela.

—¡Granada! ¡Granada! —gritó Augustus mientras algo se arqueó a través de la pantalla, rebotando en la entrada de la escuela, y luego rodó contra la puerta.

Isaac dejo caer su control con decepción. —Si los bastardos no pueden tomar rehenes, sólo los mataran y van a reclamar que lo hicimos nosotros.

—¡Cúbreme! —dijo Augustus mientras saltaba debajo del muro y corrió
hacia la escuela. Isaac buscó a tientas su control y luego empezó a disparar mientras las balas llovían en Augustus, que estaba disparando una vez y luego dos pero aún corría, Augustus gritando—: ¡NO PUEDES MATAR A MAX MAYHEM!—, y con una agitación final de combinaciones de botones, se giró hacia la granada, que detonó debajo de él. Su desmembrado
cuerpo explotó como un geiser y la pantalla se puso roja. Una gutural voz dijo: —MISION FRACASADA —pero Augustus pareció pensar de otra manera mientras sonrió a sus vestigios en la pantalla. Él alcanzó su bolsillo, sacó un cigarrillo, y lo metió entre sus dientes—. Salvé a los niños —dijo.

—Temporalmente —apunté.

—Toda salvación es temporal —Augustus disparó de nuevo—. Les compréun minuto. Tal vez ese sea el minuto que compre una hora, que es la hora que compre un año. Nadie va a comprárselos por siempre, Hazel Grace, pero mi vida les compró un minuto. Y eso es algo.

—Vaya, bien —dije—. Estamos hablando sólo de píxeles.

Se encogió de hombros, como si creyera que el juego tal vez fuera real. Isaac estaba lamentándose una vez más. Augustus volvió la cabeza de nuevo hacia él. —¿Alguien más va a la misión, soldado?

Isaac sacudió la cabeza diciendo no. Se inclinó sobre Augustus para mirarme y a través de las cuerdas vocales fuertemente engarzadas dijo—: Ella no querrá hacerlo después.

—Ella no querrá abandonar a un chico ciego —le dije. Él asintió, a las lágrimas no les gustan las lágrimas tanto como un tranquilo metrónomo, seguro, infinito.

—Dijo que no podía manejarlo —me dijo—, estoy por perder mi visión y ella no podrá manejarlo.

Yo estaba pensando sobre la palabra manejar, y todas las cosas incontenibles que se manejan. —Lo siento —dije.